Valerio arrojó al suelo las cosas de su escritorio en un acto de cólera.
La mujer era como las otras.
Incluso a pesar de su belleza excepcional, no había logrado disipar los malditos fantasmas de su pasado.
No había podido sentir placer como llevaba tanto tiempo anhelando.
Lo único que le daba placer era la conexión con el deseo de su compañera de sexo al momento de morder su cuello mientras la penetraba y esta llegaba al orgasmo.
La seducción lo excitaba pero lamentablemente nunca podía llegar