CAPÍTULO 3

Livana miró por la ventada impresionada al ver al cuerpo semihumano que se alejaba de la casa y se estremeció.

—Él ha estado a punto de tomarme así.

—Y seguramente algún día lo hará, niña.

Solo es cuestión de tiempo.

El Alfa no tiene otra esclava sexual, las demás mujeres a su alrededor son las del Harem, pero creo que ya se a aburrido de ellas.

—¿Por qué lo crees?

Ella se giró a mirar a la mujer con quien compartía habitación pero esta se limitó a encogerse en hombros restándole importancia.

—Cuando te trajo aquí, sus ojos ardían en deseo.

Sonrojada Livana dejó se mirar por la ventana y negó con la cabeza.

Si hubiera sido de ese modo entonces él la habría tomado de todas formas pero la había apartado como si le molestara si inexperiencia.

—No lo creo. Mucho mejor así.

Ella se cubrió con la sábana y cerró los ojos.

Pronto dejaría de ser su esclava y recuperaría su trono.

Livana se quedó dormida pero no lo hizo por mucho tiempo pues repentinamente unas manos estuvieron sobre ella, anclándose en sus muslos para extenderlos.

—¡Oh!

Sus ojos se cruzaron con los de él sabiendo a quien pertenecía esa mirada posesiva e intensamente aterradora.

—No puedes ir demasiado lejos de mí, princesa.

Cuando él se inclinó para tomarla en su boca, ella se despertó con el corazón agitado.

Todo había sido un sueño.

Uno muy real... porque en el pasado ocurrió.

Solo que el Alfa Rey no lo recordaba.

—¿Qué pasará si él me recuerda?

El temor embargó a la Thalassi, sin embargo, tuvo que dejarlo a un lado como pudo.

Sus responsabilidades como esclava la llamaban y ella tenía que obedecer.

**************************

Las esclavas comen en el suelo junto a su amo.

Por eso Livana estaba ahí, mirando la comida con los ojos llenos de lágrimas.

El Alfa no estaba solo.

Estaba rodeado de su Beta, Gamma y Delta.

Todos poseían esclavas las cuales acataban sus órdenes obedientemente a cada mandato de su amo.

Pero Livana sentía el dolor de la humillación.

No había sido criada como una esclava.

No era como las demás. 

—Levántate, mujer.

Las palabras fríamente dichas por el Alfa hicieron que su corazón diera un vuelco, ante la expectativa pero de todas maneras lo obedeció a regañadientes.

Justo cuando lo hizo el Alfa tiró de su mano haciendo que ella cayera sentada sobre sus piernas pero no muy bien.

—Ahh...

El bonito gemido había captado la atención de los lobos a su alrededor.

Si ellos eran tan malvados como su amo entonces querrían dañarla de una manera u otra.

Querrían forzarla.

Pero ¿Él lo permitiría?

—Siéntate como una niña grande esclava, no tengas vergüenza.

Hoy parecía extrañamente juguetón y Livana no sabía si eso debía asustarla aún más.

Las mejillas de Livana adquirieron ese tono rosa acostumbrado cuando se avergonzaba.

Tuvo que apoyar sus manos contra la mesa para pasar su pierna sobre las de él y finalmente sentarse como él quería. Solo había sabido a lo que se refería por ver a la esclava del Beta sobre sus piernas.

—Las esclavas buenas merecen una recompensa —susurró él con voz aterciopelada en el oído de la antigua Thalassi y ella se estremeció involuntariamente.

Sus brazos se cerraron sobre el vientre de Livana.

Ella trata firmemente de mantener su cabeza en alto y no dejarse romper por él, sin embargo, sus esfuerzos cada vez son más en vano.

—¡Oh por Dios!

El gemido sale de su boca antes de que pueda detenerlo.

Livana no sabe si este surgió por la visión de los amos clavando sus colmillos en los cuellos de sus esclavas o se trata de la invasión atrevida por parte del Alfa a su intimidad.

Él la toca como si ella fuera... suya.

"No lo soy. No le pertenezco a nadie."

La obstinación de la Thalassi se nota en cada parte de su cuerpo tenso.

Ella intenta apartarse de Alfa, sin obtener los resultados que quiere.

—No te resistas mujer, sabes que esto me pertenece.

Ella reprime un gemido aterrorizado.

Con cada segundo siente su cuerpo diferente.

Sus ojos casi se cierran involuntariamente cediendo ante la misteriosa sensación.

Y es entonces cuando el Alfa clava sus colmillos en ella succionando su sangre, algo íntimo.

—No...

Ella sabe lo que es esto.

Un ritual de apareamiento, pero no se trata de concepción.

El Alfa quiere hacerla suya delante de todos.

Quiere que ella se entregue a él.

—Por favor...

Su mano se dirige hasta la de él quien gruñe.

—Por favor mi señor, deseo ir al baño, es urgente.

Él se detiene a duras penas y hace que Livana lo mire apretando su pelo en un puño.

—Volverás pronto o algo muy malo va a pasarte.

La antigua Thalassi asiente con la cabeza intentando no mostrar su angustia y cuando la deja ir casi corre por el pasillo.

En el baño miró los colmillos del Alfa.

No era una marca de compañera, eso era imposible, incluso si el Alfa se enteraba que ella realmente era la Thalassi de Arion jamás la trataría como una.

Lejos de eso, la mataría.

Había escuchado las historias de sus padres que lo llamaban una bestia.

Realmente lo era.

Una sin corazón.

Despiadada que no le importaría hacerle daño.

—Oh Dios, ¿Debo quedarme realmente aquí?

Él va a mancillarme, me violará...

Por sus cara cayeron las lágrimas de angustia de la Thalassi.

La sangre seguía cayendo por su cuello, aunque no hubiera dolido para ella era vergonzoso ver su marca en su piel.

—No, no puedo hacerlo.

Una vez huí de este hombre.

Tengo que irme de aquí.

El murmullo determinado de la muchacha fue escuchado aunque no lo sabía.

Saliendo del baño se apresuró a escabullirse entre los sirvientes del castillo.

Livana no supo cómo lo hizo pero llegó al exterior de este sin que se dieran cuenta.

Una vez afuera corrió hasta los portones más alejados.

Seguramente el Alfa Valerio no pensaría que ella huiría por ese lado del castillo.

—Oh Diosa Luna, permite que pueda escapar.

No quiero que ese hombre me posea.

Por favor...

El corazón de Livana saltó de alegría cuando efectivamente pudo saltar el muro del castillo y sin pensarlo demasiado se echó a correr lo más rápido que pudo.

—Diosa, gracias —gimió ella de alegría.

Livana se escabulló por la espesura del bosque, con la luna como su única testigo.

No supo cuanto tiempo corrió pero incluso aunque sus pies sangraban y dolían no se detuvo hasta que estuvo frente a una casita pequeña.

No sabía si arriesgarse o no pero finalmente terminó tocando la puerta.

Pediría un poco de agua y después se iría.

Ese Alfa no la tendría otra vez.

Livana sonrió a la luna sintiéndose cada vez más tranquila mientras ignoraba el suave dolor que empezaba a golpear su marca.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo