El escozor en mi cuero cabelludo me despertó y parpadeando con los dientes apretados vi que se trataba de un guardia que me había puesto de pie mirándome fijamente con lujuria.
—Sí, eres una zorra hermosa.
La más hermosa de todas.
Cuando el Áyax decida que hará contigo seré el primero en follarte.
Se rió de una manera maligna y aunque sus palabras hubieran sido horribles yo traté de no sentirme intimidada.
Sabía que los lobos de Arkalla eran más animales que humanos.
—Hay una larga fila pa