Valerio tocó su frente y la sintió ardiendo.
—Despierta.
Su demanda fue ignorada y él no supo que hacer.
Reconoció el sentimiento de la preocupación dentro de él.
Tomó su cara entre sus manos moviéndola suavemente necesitando ver esos fieros ojos violetas suyos.
—¡¿Liv?! Maldita sea, mujer ¡Ábre los ojos!
Se sentó en su cama tomándola en sus brazos para colocar su pecho sobre sus piernas.
Por un momento no supo que hacer pero después pensó en utilizar su sangre.
—¿Valerio?
La puerta se abrió mo