—Isadora, te dije que dejaras de llamarme Áyax.
Te permití hacerlo con los demás por tu insistencia ante el respeto de mi rango.
Cosa que no me importa.
Pero no me gusta que lo hagas conmigo a solas.
—Lo siento Valerio.
Es que no me acostumbro.
Eres muy importante.
Debo tratarte con respeto.
Valerio bufó por lo bajo sabiendo que nunca podría hacer que Isadora lo tratara como a un igual.
Incluso aunque su hijo fuera su mejor amigo.
Caminó hasta detenerse en la ventana viendo a sus lobos luchar en