El sonido heló la sangre de ambos, que corrieron inmediatamente hacia la habitación de su hija.
—¡Mamá! —gritó Aria, con lágrimas en los ojos—. ¡Hay sangre!
Jasmine, con su experiencia como enfermera, evaluó rápidamente la situación. Su rostro se tornó serio al ver la cantidad de sangre entre las piernas de su hija. Sabía que los embarazos múltiples eran de alto riesgo, y cada segundo contaba.
—Alessandro, trae el auto, ¡ahora! —ordenó Jasmine mientras ayudaba a Aria a incorporarse—. Tranquila,