Los niños saltaron de alegría al ver a Elena llegar por ellos al jardín de infantes. Sabían que ese día los llevaría a pasear antes de regresar a casa, y la emoción se reflejaba en sus pequeños rostros. Mientras avanzaban caminando, platicaban animadamente.
—¡Hoy vamos a comer brochetas de pollo! —anunció Elena dulcemente, sonriendo al ver sus reacciones.
Maximiliano, Arthur y Ariadna coincidieron en ser unos verdaderos adoradores de las brochetas de pollo. El entusiasmo se desbordaba entre