Cuando Aria sintió que ya no podía más, decidió marcharse del bar. Ni siquiera podía sostenerse bien mientras avanzaba hacia la salida. Afortunadamente, logró tomar un taxi y le pidió al conductor que la llevara a casa. Dando varios pasos con torpeza, pudo ingresar a su departamento y, de pronto, las luces se encendieron de sorpresa.
Quedó un poco encandilada por la luz repentina y, finalmente, allí estaba Elena, mirándola.
—Aria, lo siento mucho. Estaba demasiado preocupada por ti. Te llamé va