El invierno de Londres comenzaba a ceder sus últimas líneas de frío ante una primavera que se filtraba de manera tenue por las ventanas de Notting Hill [Local].
Analía ya había cumplido los sesenta y cinco días de vida en este mundo; sus cólicos habían disminuido y su llanto se había transformado en un balbuceo rítmico que llenaba las paredes de nuestro refugio de ladrillo visto.
Mi cuerpo había recuperado la rigidez de sastre y mis constantes vitales estaban limpias, pero mi mente de Wall St