54 Huida a medianoche

Adrian se acercó y le extendió un arreglo de flores.

—Fue una presentación extraordinaria —le dijo con convicción—. No tengo dudas de que esta es solo la primera de muchas. El mundo va a querer escucharte, Isabella.

Antes de que pudiera decir algo más, Estela llegó hasta ella y la envolvió en un abrazo cálido, protector. Se inclinó para susurrarle al oído:

—Eres increíble, mi niña. Tu padre estaría tan orgulloso de ti…

Las palabras le atravesaron el pecho como una flecha cer
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