Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella le lanzó un beso y la vio marcharse, sintiendo cómo el silencio de la mansión volvía a envolverla…
Porque sabía que, al menos esta noche, no entraría como la esposa rota.Entraría como la mujer que estaba empezando a levantarse.Isabella caminó por los silenciosos pasillos de la mansión hasta llegar a su dormitorio. No se sorprendió al no encontrar a Dereck en la casa; ya se había vuelto una costumbre. Al entrar, la habitación estaba iluminada, y sobre la cama reposaba un hermoso vestido de noche que había mandado a preparar para ese día y que iría a juego con el traje de Dereck. Isabella se sentó en el borde de la cama y acarició las plumas blancas del chal. Se perdió en el suave toque de esas plumas contra sus dedos, como si cada fibra le trajera un pensamiento distinto.Fragmentos de todos los acontecimientos de esos últimos meses pasaron por su mente. Cómo, literalmente, la vida por la cual se había esforzado tanto, por la que había






