Mundo ficciónIniciar sesiónEl resto del camino transcurrió con armonía entre bromas, comentarios tontos, risas que parecían curar algo. Isabella se sintió ligera por primera vez en días. Y Enzo… bueno, él sintió algo demasiado claro:
No estaba listo para dejar de quererla. El auto se detuvo frente a la mansión Salazar. Isabella salió del auto. Enzo iba a hablar cuando la puerta trasera se abrió y Valeria se inclinó hacia adelante con una sonrisa cansada. —Antes de que entres






