Elise
Regresé al tribunal como se entra en una catedral en llamas. Mi respiración no había recuperado su ritmo; aún latía al compás de sus labios, y cada paso resonaba en mi cuerpo como un recordatorio. El pasillo, las paredes, los retratos severos colgados en sus marcos dorados, todo parecía escrutarme, sospechar, adivinar.
Crucé el vestíbulo con el expediente apretado contra mí, un escudo ridículo. Creía caminar erguida, pero mis piernas traicionaban una vacilación, como si quisieran retroced