Élise
La mesa se doblega bajo nuestros cuerpos. Gabriel me aplasta con una brutalidad ardiente, sus manos manteniéndome prisionera, sus dedos apretados en mis caderas como tenazas ardientes. El frío del metal atraviesa mi ropa, pero su calor feroz consume todo, borrando cada resistencia que creía aún tener.
Su boca se abate sobre la mía, golpes de labios, mordiscos, besos demasiado violentos para ser tiernos. Me ahogo, lucho, pero mis dedos se aferran a su camisa involuntariamente, la arrugan,