Elise
Retrocedo un paso, mis mejillas ardiendo, mi aliento aún irregular. El calor sobre mi piel no ha disminuido, pero una quemadura más sorda, más íntima, me desgarra las sienes: la vergüenza. La vergüenza de haberme abandonado, de haberme perdido en este incendio que encendimos juntos. Y el miedo… el miedo de que él haya leído lo que no quería mostrar.
Gabriel me mira, inmóvil, sus ojos de sombra y fuego me atraviesan. Su sonrisa es apenas perceptible, pero desafía, provoca, impone. Quisiera