—No, pero solía subir aquí cuando él quedaba inconsciente, solo para ver cómo estaba. El médico me dejaba entrar a escondidas —explicó Néstor.
Cuando empezó a quitarle la ropa a Damián, lo miré perpleja.
—Quizá deberíamos contactar a uno de sus médicos —sugerí.
—No hay nada que un médico pueda hacer por él, Valeria—respondió con voz fría—. Es solo un recipiente que espera su destino.
Continuó, imperturbable:
—Lo único que podemos hacer es procurar que esté cómodo.
Tuve que contener mi ira