Ella mantuvo su mirada fija en mí todo el tiempo, mientras yo evitaba cruzar los ojos con los suyos directamente.
—Todo está en su lugar —dije por el pequeño micrófono, pero ella frunció el ceño y cerró los ojos, como si el volumen la molestara.
—Todo lo que tienes que hacer es seguir mis instrucciones y todo saldrá bien —añadí.
Ella asintió en silencio, con una expresión de concentración.
—¿Dónde está mi desayuno, por cierto? —pregunté con tono casual.
Sonrió levemente y fue a la cocina.