Me atraganté con mi propia saliva.
—¿Estás bien? —preguntó, algo preocupado.
—Sí… sí, estoy bien. Solo somos amigos —aclaré apresuradamente—. Él me está ayudando con algo, y yo lo estoy ayudando con su empresa.
Néstor me observó de arriba abajo con una expresión difícil de leer. Quise preguntarle qué significaba esa mirada, pero preferí callar.
—Y por si te lo preguntas —añadí con los brazos cruzados—, no me he acostado con él.
No tenía por qué darle explicaciones, pero sus ojos críticos m