Hablamos unos minutos más. La animé contándole sobre mi vida tranquila y aburrida, y luego fuimos a su casa, donde recogí a Kendra. Estaba tan emocionada de verme que todo lo demás quedó en segundo plano.
Me despedí y seguí mi camino.
En dos semanas, Néstor me entregó los papeles de divorcio con la firma de Fiona. Elegí no preguntar cómo lo había conseguido, por qué Fiona había firmado ni si todo era completamente legal. Lo único que me importaba era que, por fin, estaba libre de esa bruja. S