Seguía dándoles la espalda, esperando que, por una vez, cerraran la boca.
Como por milagro, ambos guardaron silencio y solo el llanto de Amber llenó la habitación… hasta que se detuvo. Por un segundo, deseé que no lo hubiera hecho, porque entonces mis propios sollozos tomaron el control. Fue humillante. Nunca fui una persona emocional, pero había contenido demasiado durante semanas y ahora todo se desbordaba frente a las dos personas que me destruyeron.
Ninguno dijo una palabra. Escuché pasos