Los dos idiotas por fin se estaban separando. Después de nueve estúpidos meses, ni siquiera habían logrado durar un año. Solo podía suponer que Julian no era bueno fingiendo cuando estaba del lado que recibía los golpes. Esa era mi preocupación. Había notado que cada vez que la vida lo golpeaba, recurría a la cerveza y a las putas, pero esta vez había reducido su consumo de alcohol y ya no visitaba los burdeles que solía frecuentar.
Solo podía asumir que lo hacía por su madre, por quien siemp