—¿Está todo en la casa? —preguntó.
—Sí, creo que ya tenemos todo —respondí, entrelazando mis dedos con los suyos—. Ven, siéntate conmigo.
La guié hasta una silla y se sentó en mi regazo. Entonces le entregué un archivo.
—¿Qué es esto? —preguntó, mirándome con curiosidad.
—Bueno, tenías razón. Mañana empezaré el proceso para incluirte a ti y al bebé en mis acciones —anuncié.
Se giró y me besó con pasión. No lo esperaba; su entusiasmo me tomó por sorpresa y terminó con su boca sobre la mía, desbo