Olvidé tu rostro, pero no tu voz y estoy segura de que tu mirada no me dejara escapar, pero te advierto, no tengo interés en ser el juguete de nadie.
Ya no soy una presa.
Isabella
El ambiente se caldea, el sudor humedece el sofá, mi espalda se despega una y otra vez de la superficie. Coloca sus manos por debajo de mis muslos y empuja llevándome las rodillas hasta el pecho, estoy completamente expuesta para su placer.
Lame… lame… lame… su lengua se convierte en un calvario… un dulce calvario que