Fuiste la luz que alejó las sombras en mi oscuridad. Fuiste esa luz que me llenó de calidez. Eres esa luz que no puede iluminar mi vida sin perder su brillo.
Lucían
Mi esposa. Isabella nunca será mi esposa, no puede serlo, yo no la puedo condenar a esta vida, a sufrir por mí. No merece vivir en la incertidumbre de que en cualquier momento se puede convertir de nuevo en la víctima, en el pago por mis pecados.
El sonido de su risa, su mirada llena de vida, de pasión. Verla en mi mente así: sonrie