Me hundo en un pozo profundo y oscuro. No es la oscuridad a la que estoy acostumbrando, esta lleva tu nombre en cada letra.
Lucían
Movilizo a todos mis hombres y les doy una sola orden: encontrar a Isabella y traerme vivo a los malditos que la secuestraron. Nada más importa, ni siquiera, que tanto tenga que revolver el mundo para salvarla. No me importa iniciar una maldita guerra con los albanos, puedo hacer que desaparezcan de la faz de la tierra si se atreven a tocarle un solo pelo.
—Señor,