Capítulo 166. La promesa de sangre.
La atmósfera en la sala era densa. El silencio solo era interrumpido por el leve crujido de la madera bajo los pasos lentos de Enrico, quien miraba a Lisandro con firmeza, como si intentara perforarlo con la intensidad de su mirada.
—No podemos hacer eso, Enrico, ese muchacho salvó a tu hija. ¿Le voy a pagar de esa manera su ayuda? Porque sabemos que si él no la hubiese ayudado a escapar, hubiesen tomado a Trina como rehén y quién sabe qué le hubiesen hecho.
Leandro se quedó viendo el intercamb