Leonardo
Nunca me había sentido tan fuera de control. Yo, Leonardo Santoro, el hombre que había construido un imperio con la precisión de un relojero suizo, me encontraba ahora observando las cámaras de seguridad como un adolescente obsesionado. En la pantalla principal, Luna caminaba por el jardín junto a Mateo. Reían. Ella le tocaba el brazo ocasionalmente. Él se inclinaba para susurrarle algo al oído.
Apreté el puño hasta que mis nudillos se tornaron blancos.
—Señor, los informes que solicit