Camino hasta la puerta del copiloto que me abre él, entro y
cierra de un azote. Esta enojado. Me abrocho el cinturón cuando él entre y apenas se pone el suyo salimos disparadas hacia la calle haciendo chillar las llantas.
Clavo las uñas en el asiento y miro con horror como se pasa
un semáforo en rojo.
—¡Baja la velocidad! -grito y me sostengo de donde puedo. Maneja muy deprisa y con violencia. No soy muy fanática de querer morir joven. -¡Ignacio!
Él me ignora y sube la velocidad ¡¿Nos quiere m