—¡Dayan! ¡Dayan! ¡No me dejes!.-
Río a carcajadas y Ignacio me mira con
terror, para luego mirar asustado al
pequeño Aiden que sostiene entre
sus manos.
-Tu puedes, solo ten cuidado de que no se meta agua a sus
oídos y trague agua.
Beso la mejilla de Aaron y él se
remueve.
-Es fácil.
-Lo dices porque ya lo has hecho.
No lo miro y dejo a Aaron en su corral.
Él felizmente comienza a gatear y ataca a su consejo con
mordidas. Mi pequeño de nueve meses...
- Dayan...- Ruedo los ojos y me acerco a Ign