-Ya has hablado, ahora es mi turno -murmuro y quito mi dedo
de
sus labios.
Ignacio me mira serio y me entra la risa.
-¿De que riés?.- Muerdo mi labio y niego. Tanta seriedad me
causa gracia.
-Primer punto -elevo un dedo y Ignacio
me mira esperando-. Tus problemas son mis problemas desde
que no casamos por ese trato. Así que, no te guardes eso, sabes perfectamente
que siempre estaré para ti. No importa el lugar, las circunstancias o el
momento siempre, me tendrás a mi, pase lo que pase. Prometí