Vale. Me va a matar, pero se lo merece.
Aparto con cuidado su brazo y pierna
de mi cuerpo y me deslizo fuera de la
cama. Miro a Ignacio dormido como una roca gracias a la
pastilla que le hice tomar... Definitivamente me va a matar.
Abro el cajón de la cómoda y saco
cuatro corbatas. Me acerco a la cama,
me subo a horcajadas sobre su pecho y tomo con fuerza su
primer
brazo.
Vaya que le pesa. Lo ato al cabezal de la cama y hago la
misma tarea con el otro brazo; Me aseguro de que queden dos dedos