CAPÍTULO 6- ALMUERZO INCOMODO

CAPÍTULO 6- ALMUERZO INCOMODO

A la mañana siguiente, Chloe fue a una clínica para hacerse unos exámenes médicos de rutina. Tras revisar los resultados básicos, el doctor le aseguró que todo estaba en orden —solo se trataba de una gastritis por estrés, nada de qué preocuparse—, así que ella no le dio mayor importancia.

Subió a su auto y manejó directo a la empresa, con la mente ya enfocada en las reuniones del día.

—¡Chloe!

Apenas bajó del ascensor en el piso de las oficinas ejecutivas, una voz melodiosa y demasiado familiar la llamó. Al levantar la vista, vio a Vanessa, quien lucía un espectacular vestido rojo que probablemente costaba más que el salario mensual de la mayoría de los empleados y caminaba hacia ella con una sonrisa radiante que, sin embargo, no alcanzaba a reflejarse en sus ojos.

«Por supuesto», pensó Chloe con cansancio. «Porque este día no podía empezar peor.»

—Hola, Vanessa —saludó con cortesía profesional.

Vanessa se acercó y la evaluó de arriba abajo con una mirada que pretendía ser afectuosa, pero que se sentía más bien como un escáner en busca de defectos.

—Han pasado los años y te has convertido en una mujer hermosa y elegante —dijo con tono dulce, aunque había algo afilado escondido detrás de las palabras—. Aunque te ves un poco cansada, querida. ¿Estás durmiendo bien?

Ahí estaba.

El primer golpe envuelto en terciopelo. A pesar de todo, Chloe le devolvió una sonrisa educada pero distante.

—Tú también te ves muy bien, Vanessa. Ese vestido es impresionante. —Hizo una pausa deliberada antes de rematar—: Aunque quizás un poco atrevido para una oficina, pero supongo que las reglas son diferentes cuando eres una invitada.

Vanessa parpadeó un segundo, con la sonrisa tensándose de golpe en sus labios.

Para entender el contexto, Vanessa Paris era hija de uno de los empresarios más respetados de la ciudad y había sido compañera de Julian en la universidad. Ambos tenían la misma edad —seis años mayores que Chloe— y habían sido novios formales, algo que Chloe descubrió demasiado tarde, mucho después de casarse.

Por supuesto, no era culpa suya.

Durante años, Julian siempre la había llevado a la mansión Kingston presentándola simplemente como «una amiga», y Chloe, que era ingenua y confiada, jamás sospechó nada extraño.

A decir verdad, ella aún no lograba entender qué los había separado en el pasado.

Vanessa simplemente lo había dejado de un día para otro, sin dar explicaciones, desapareciendo de sus vidas de la noche a la mañana y ahora regresaba, actuando como si nada hubiera pasado.

Chloe sintió un nudo molesto en el estómago, pero se obligó a mantener la compostura.

«No me importa», se dijo a ella misma. «Ya no me importa nada de lo que Julian haya hecho o dejado de hacer.»

—Seguramente no has almorzado todavía —propuso Vanessa con un entusiasmo exagerado, tomándola del brazo con una familiaridad que no le había pedido—. Vamos a comer juntas, te invito.

Chloe se negó de forma suave, liberándose de su agarre con sutileza.

—Lo siento, Vanessa, pero tengo algo que hacer ahora mismo.

No era una simple excusa.

De hecho, tenía una entrevista agendada en Empresas Hayes, una compañía muy importante con sucursales en el exterior, y no podía permitirse llegar tarde bajo ningún concepto. Como planeaba abandonar a Julian y, con ello, desvincularse por completo de la familia Kingston, necesitaba asegurar su futuro laboral, y Empresas Hayes representaba un excelente punto de partida.

—¿En serio? —dijo Vanessa, haciendo un puchero—. Tenemos muchísimo tiempo sin vernos. Estoy segura de que puedes regalarme un rato de tu día, además... quiero que hablemos sobre Julian.

(...)

El restaurante que Vanessa había elegido era de esos sitios exclusivos donde una sola copa de cristal costaba más que el menú ejecutivo de cualquier lugar normal, en la mesa, Chloe observó la carta sin siquiera abrirla.

Vanessa le sirvió agua con movimientos delicados mientras comenzaba a hablar:

—El carácter de Julian puede ser muy difícil de llevar. Me imagino que estos últimos años no han sido nada sencillos para ti.

Chloe esbozó una ligera sonrisa.

—En realidad todo está bien. Casi nunca nos vemos, así que no ha sido tan complicado.

Era evidente que Vanessa solo intentaba sacarle información, pero ella no tenía ninguna intención de armar un drama innecesario.

Si al final ellos querían estar juntos, no pensaba interponerse en su camino.

Vanessa dejó la jarra sobre la mesa y continuó, inclinándose un poco hacia adelante con una fingida y exagerada preocupación.

—Pero vivir de esa manera tampoco es una solución a largo plazo. ¿Qué piensas hacer con tu vida? —Hizo una pausa dramática, tocándose el pecho como si le doliera de verdad—. Me siento terrible al pensar que tal vez... bueno, que mi regreso pueda estar complicando las cosas para ti.

Chloe dio un sorbo a su vaso de agua y respondió con total serenidad.

—Julian y yo ya estamos en pleno proceso de divorcio. Su abuelo me dio su aprobación, así que no creo que haya ningún inconveniente por parte de los Kingston. Y si eso te hace sentir mejor, te aseguro que no es tu culpa.

—Vaya... —Vanessa dejó escapar un suspiro que sonaba tan ensayado como falso—. Supongo que algo de culpa sí tengo. Si no me hubiera marchado en aquel entonces, tú no habrías tenido que... bueno, pasar por todo esto.

Se detuvo justo el tiempo suficiente para que la frase quedara flotando en el aire, mientras sus ojos brillaban con algo que cualquiera podría haber confundido con compasión sincera.

—Aunque, pensándolo bien, al menos no tienen hijos.  Eso es un gran alivio, ¿no crees? —Sonrió con dulzura, como si acabara de decir algo muy reconfortante—. Imagínate lo complicado que sería para unos niños vivir en un matrimonio tan distante... Con un papá que no ama a su mamá. Realmente fue una bendición que no llegaran a ese punto.

Los dedos de Chloe se aferraron con fuerza a la copa. Bebió un buen trago. Quizás así el trago amargo de la realidad se pasaría más rápido.

Porque la verdad era que, en algún rincón de su mente, ella había tenido el estúpido sueño de formar una familia y ser mamá algún día.

—Es verdad —coincidió, esbozando una sonrisa que jamás llegó a sus ojos.

Vanessa alargó la mano para tomar la de Chloe por encima de la mesa, apretándola como si se tratara de su mejor amiga.

—Eres tan fuerte, Chloe. De verdad te admiro mucho. No cualquiera sabría manejar una situación así con tanta... madurez. Muchas mujeres en tu lugar se habrían aferrado a él, habrían hecho escándalos o intentado retener algo que claramente ya no existe. Pero tú... Tú entiendes perfectamente que a veces lo mejor es simplemente dejar ir las cosas.

Chloe sintió que cada palabra funcionaba como un pequeño alfiler, aunque formalmente Vanessa no había dicho nada cruel. De hecho, cualquier extraño que escuchara la plática pensaría que estaba siendo una persona increíblemente amable y comprensiva.

Pero Chloe conocía muy bien el juego y sabía leer entre líneas:

«No te aferres.»

«Ya no existe nada.»

«Déjalo ir de una vez.»

—Supongo que sí —respondió, retirando su mano con total sutileza.

Vanessa no pareció importarle el rechazo, o simplemente fingió que no lo notó, y continuó hablando:

—Y sabes qué, Chloe? Quiero que sepas que esto no tiene por qué ser incómodo entre nosotras. Tú y yo podríamos llevarnos bien, de verdad lo creo. No hay ninguna razón para guardarnos rencor. Al final del día, tú hiciste tu parte, cumpliste con lo que te pidieron, y ahora mereces ser libre para buscar tu propia felicidad. ¿No te parece?

«Hiciste tu parte.»

«Cumpliste con lo que te pidieron.»

Como si ella hubiera sido una simple empleada temporal cuyo contrato por fin había expirado. Asintio y prefirió no decir nada más, en su opinion, no valía la pena gastar saliva.

—Por supuesto que sí.

Justo en ese momento, mientras conversaban, Vanessa desvió la atención hacia la entrada del restaurante y su rostro se iluminó con una sonrisa radiante.

—¡Julian, por aquí!

Chloe se giró de inmediato y vio a su esposo.

Venía caminando con una seguridad imponente, luciendo impecable en un traje azul marino.

Julian Kingston parecía tener ese tipo de magnetismo natural que hacía que todo lo demás a su alrededor pasara a un segundo plano.

Sin embargo, al acercarse a la mesa y notar la presencia de su esposa, su semblante se endureció al instante.

Chloe, por su parte, tampoco pudo evitar poner cara de incomodidad.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó él de golpe, sin siquiera saludarla.

Vanessa se levantó con gracia de su asiento, rozando el brazo de Julian con una confianza absoluta.

—Me crucé con Chloe hace un ratito y la invité a almorzar con nosotros. No te molesta, ¿verdad?

—Mientras tú estés feliz, por mí no hay problema.

A pesar de seguir legalmente casado con Chloe, Julian se acomodó al lado de Vanessa con total naturalidad.

Su mirada seguía siendo fría, y cada vez que desviaba los ojos hacia Chloe, parecía hacerlo con desgana, como si se tratara de un simple estorbo en su camino.

Pero ella prefirió restarle importancia.

A fin de cuentas, ya no tenía derecho para reclamarle nada; simplemente se sentía fuera de lugar. Debió habérselo imaginado desde el principio: si Vanessa estaba en la empresa, era obvio que se verían.

—Justo le estaba contando a Chloe que tienen planeado divorciarse muy pronto —comentó Vanessa con un tono exageradamente casual—. Estaba pensando que, en cuanto firmen, tendré que presentarle a un buen partido. No es justo que le hayas hecho perder varios años de su juventud en vano.

La mandíbula de Julian se tensó de golpe, de forma imperceptible y una chispa oscura cruzó por sus ojos.

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Teresa MaldonadoAhhhh que odiosa Vanessa
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