—Mierda.
—Sí, mierda —Belial miró todo alrededor con gesto sombrío—. A Gunnar se lo llevaron a la fuerza.
—¡Mierda! —Bael descargó la furia contra una mesa ya derribada, pateándola hasta astillarla más—. Soy un maldito idiota, debí hacerle caso a Dan cuando me lo advirtió.
El lugar donde estaban no ayudaba a calmar los ánimos; una cabaña abandonada hacía décadas en medio de la Antártida, cubierta de hielo y con las paredes comidas por la humedad. El viento colaba un silbido lúgubre entre las gr