La penumbra del bar privado estaba impregnada de humo y olor a alcohol. La única luz provenía de una lámpara baja que proyectaba sombras sobre las botellas alineadas en la repisa. Estefan encendía un cigarro con movimientos tranquilos, mientras observaba con cierta preocupación a Bael, que se sostenía en la barra con un vaso de whisky temblando entre sus dedos.
—Vamos idiota, tómate toda la botella si puedes —Estefan encendía su cigarro después de lanzar al cenicero la colilla de otro, el humo