—¡Defiendan la manada! —exclamo Natsuki, asumiendo su posición como líder. Sus órdenes fueron seguidas por aullidos y gritos de batalla mientras los miembros de la manada se lanzaban contra los invasores. Fue una suerte que ese día fuera luna llena, esa era la razón que hubiera tantos hombres lobos despiertos y transformados llegando del bosque.
Natsuki se transformó y se unió a la lucha, su cuerpo ágil y fuerte, moviéndose con la gracia y la letalidad de un depredador. Cada golpe, cada mordida