—Lo siento —Concetta mordió el pedazo de carne seca—, esto sucederá pronto.
Jaime miro por la ventana de su despacho, mirando el jardín del Palacio, en todo ese tiempo desde que su padre le cedió su lugar y su oficina, se había parada miles de veces en esa ventana, se quedó estático mirando el jardín tantas veces que no podría contar.
En todas esas ocasiones, nunca de verdad observo las flores, hoy si lo hizo. Afuera de su ventana habían sembrado camelias blancas como las de su abuela, apostaba