—Ni siquiera han pasado dos meses desde que nos juntamos —se quejó Isaac tomando asiento para recuperarse de la aparición demoniaca—, dios, sé que los aviones se demoran casi un día para llegar aquí, pero no me dejan enfermo.
—Ni me lo digas —Deniska se echaba aire con un abanico sentada cerca de él—, es como un latigazo que se concentra en el estómago.
—Se ahorran interminables horas de viaje y todavía se quejan —gruño Estefan—, quédense aquí, iré por Robert.
Apenas Estefan desapareció, Bael