—Jooniee…
—Oh vamos —Joon boto la ceniza de su cigarro al cenicero que le habían traído—, los dos sabemos que solo me llamabas así de niño cuando había otros adultos presentes. Jamás me tratabas con cariño si no había espectadores presentes.
Um-ji no dijo nada, la habían llevado al jardín de la manada y la dejaron dormida en su silla de ruedas debajo de un enorme árbol que daba mucha sombra. Era un día perfecto y los cánticos de los pájaros le hicieron dormirse.
No fue hasta que el olor de humo