Concetta camino con cuidado por aquel pueblo abandonado. El olor a podrido invadía su olfato de loba. La muerte acechaba por todo el lugar, lo sentía en los huesos. Nunca había sentido una ahora tan corrupta, ni siquiera en los viajes que había tendió con el impresentable de Alan.
Tocó el medallón que le había regalado, el lugar parecía lo suficientemente peligroso para estar ella sola, sin embargo, se negaba a llamar a nadie aún.
Se encontraba ahí porque Jaime le dio la tarea de rastrear posibl