El refugio se había vuelto un hogar extraño para todos ellos. Los pasillos, antes llenos de miedo, ahora guardaban un silencio expectante. Como si las paredes supieran que algo estaba por acontecer.
Diego caminaba despacio por el pasillo de madera, con una mano apoyada en la pared, tratando de calmar la presión que sentía en el pecho. Cada paso le recordaba las heridas recientes, físicas y emocionales. Al doblar la esquina, encontró a Sasha sentada con las manos unidas, los dedos entrelazados c