Sasha estaba sentada al borde de la cama, velando el sueño de Diego. Su respiración era más tranquila que en días anteriores, pero aún se notaba el leve jadeo doloroso que delataba la herida. Afuera, la noche comenzaba a caer. Se escuchaban los pasos silenciosos de Eugenia y Ashen por el pasillo, los susurros suaves de Alma y Aitana discutiendo algún texto antiguo.
Por un instante, todo pareció calmo. Sasha apoyó la cabeza en el colchón, muy cerca del brazo vendado de Diego, y cerró los ojos, s