Diego caminaba con paso firme, pero su mente era un torbellino de pensamientos. La conversación con Aitana aún resonaba en su cabeza como un eco imposible de ignorar. Seis guardianes. Seis símbolos. Seis fragmentos de una verdad demasiado antigua para ser comprendida del todo. Él era uno. Aitana era otra. ¿Quiénes eran los restantes? ¿Dónde estarían?
La respuesta no existía aún, pero la pregunta lo había transformado.
Al doblar el pasillo del refugio, vio a Sasha sentada con Lara dormida sobre