Gastón no habló más después de aquella noche.
Lo encerraron en la habitación del fondo, la más alejada del resto. No sabían si protegerlo o protegerse de él. Aun así, le dejaban comida y agua.
Pero algo en su mirada ya no era humano.
Esa misma noche, poco después de medianoche, Diego se despertó con un frío seco en el pecho. Una sensación de vacío, como si alguien le hubiese arrancado un trozo del alma mientras dormía.
Corrió a la habitación de Gastón.
Y lo encontró… muerto.
No había