Pasaron días antes de que encontraran a Diego, medio enterrado entre la tierra quemada, cubierto de ceniza y sangre seca. Estaba deshidratado, febril, pero vivo.
En el hospital, no dijo nada durante tres días.
Hasta que una noche, despertó gritando:
—¡No borren los símbolos! ¡No los borren!
Los médicos creyeron que era delirio. Pero cuando una psicóloga lo entrevistó, Diego habló. Contó todo. Desde la niebla hasta la criatura, desde el símbolo hasta la traición de su primo.
Y lo más im