148. CONTINUACIÓN
Isis estaba muy ruborizada y no podía mirar al Alfa Supremo a los ojos. Sabía que él se había percatado de que estaba realmente celosa, pero, en el fondo, deseaba saber a quién estaban elogiando. No podía reprimir los celos que la consumían.
—¿Pensaste en lo que te pedí, mi luna? —preguntó el Alfa, que había ido con un objetivo ese día; no quería seguir demorando la integraci&oacu