105. ENTRÉGAME TU PODER
RHETT
La vi volverse una niebla oscura a mi lado y yo salté sobre el cuello de ese hombre.
Ella apareció a su espalda con una enorme daga en la mano. Parecía forjada de hierro antiguo y oxidado, pero el filo brillaba peligrosamente.
El grito de agonía se escuchó de ese tipo y un vómito de sangre salió de sus labios.
Ese traje de carne casi se caía a pedazos; me temo que el espíritu del verdadero Alcalde hacía años que estaba muerto.
—¡Esto no se va a quedar así! —gritó y volvió a desaparecer, p