Era de madrugada y William seguía sin tener noticias de Camila, caminaba de un lado a otro, lleno de gran aflicción, algo en su interior le decía que ella no estaba bien. Su garganta picaba ante el nudo que intentaba contener.
— ¿Dónde estás? —se preguntó con la voz fragmentada, deseando que entrara por esa puerta sana y salva.
El toquido de su puerta, hizo que sacudiera su rostro y saliera de sus pensamientos.
—Lo busca el señor Henry.
Linda comentó desde el exterior.
—Que pase —respondió