Agitaba con desesperación uno de sus pies, haciendo que la punta de su fina zapatilla, chocara con uno de los pedales de su auto, miró el reloj, viendo que comenzaba a oscurecer y no lograba ver que saliera de trabajar Camila.
— ¿Dónde demoni0s estás? —bramó presionando los dientes.
Hasta que la puerta de salida del personal de aquella reconocida pastelería se abrió y poco a poco comenzaron a salir los empleados.
—Vaya por fin. —Encendió el motor de su elegante audi, al ver que Camila caminaba