CAPÍTULO 164 — Un secreto de dos corazones
Una felicidad inexplicable, burbujeante y aterradora al mismo tiempo, le llenaba el pecho.
Isabella se detuvo un momento antes de subir al coche y miró hacia el cielo azul despejado.
— Fátima… —susurró, llevándose una mano al vientre aún plano—. Realmente nunca había soñado con ser madre. No de esta manera, no tan pronto.
Fátima rodeó el auto y se apoyó en el techo, mirándola con una sonrisa comprensiva.
— Lo sé, Isa. Tu vida siempre fue Fuentes Moda.