Capítulo 5

Sam miro a Clark confundido—¿Quién es este señor? ¿Es policía?

Clark lo mira en silencio. Parece haberse quedado sin palabras. 

Levanta una mano, mostrando un saludo amigable.

—Hola chico, mucho gusto. Soy el oficial Clark Devilson. A tus servicios.

—Hola, soy Sam. Usted es... un hombre perro ¿Verdad?

Clark abrió los ojos de par en par. Casi tanto como yo. Y los dos dijimos en unísono.

—¿Un qué?

—Hombre perro. Tiene cola, y orejas. 

No entendía de que estaba hablando Sam. Pero no me gustaba. 

Clark parece lleno de curiosidad.

—¿Puedes ver... lo que soy?

—Sí. Como a mamá. Ella brilla. Y tienes alas.

Clark y yo nos miramos.

—¿Tú tienes alas?—me pregunta incrédulo.

—No que yo sepa.—Miro a Sam y señalo su cuarto—Sam regresa a tu habitación. Ahorita subo.

—Pero...

—Sam, a tu cuarto.

—Está bien.

—Espera.—le oigo decir a Clark mientras se acerca rápidamente a Sam. 

No, no, no.

—Clark, dejalo tranquilo.—le advierto. Quizás con demasiada fuerza.

Lo mira, confundido. Como Sam está en la escaleras, ambos quedan a la misma altura. Y se ven mutuamente. El pánico comienza a extenderse en mi pecho.

—Tus ojos... —le oigo susurrar a Sam.—Se parecen a los míos. Como la miel.

Clark se acerca un poco más, y Sam parece incómodo. Lo olfatea como un perro.

Y entonces todo se derrumba. La expresión de su rostro lo dice todo.

Da uno y dos pasos hacia atrás. Incrédulo. Para mi sorpresa, sus ojos se humedecen.

—No lo puedo creer.

—Clark... creo que deberías irte—le digo inexpresiva.

Su rostro se vuelve hacia mí. Perplejo, confundido.

—Me mentiste. Todo este tiempo tú... no puedo creer que fueras capas de hacer esto.

—Clark, tú no lo entiendes...

Su cara se estaba poniendo roja de la ira. 

—¡¿Entender qué, Alice?! ¡Qué tenemos un hijo juntos! ¡Qué soy padre y ni siquiera lo sabía! ¡Qué este pequeño no sabe que yo existo! Qué... de alguna manera pude... tener un niño. Su olor, sus ojos. No puedo creer que me lo ocultaras ¡Eres un monstruo, mujer!

—Sam, ve a tu cuarto.

Sam parecía más confundido que nunca.

—Mamá, este señor... ¿es mi papá?

—No, no lo es. Solo fue el hombre que me embarazo y ya. Así que vete a tu cuarto o estarás en graves problemas.

Eran pocas las veces que lo regañaba. Así que fue fácil para él entender que estaba hablando muy en serio. Subió las escaleras y se marchó.

—¿Aún piensas mentirle a ese niño? Eres una mentirosa ¿Cómo te atreves a decirle eso delante de mí?

—Clark Devilson, voy a dejar las cosas claras aquí. Primero, tú te fuiste por tus razones egoístas y te importó un pera lo que pasara conmigo. Quedé embarazada, es verdad. Y tuve que aprender sola lo que es ser una madre. Y tú ¿Donde estabas? Regocijándote en tu manada con tu prostituta loba ¿Crees qué iba a aceptar a una basura así en la vida de mi hijo? Eres un hombre lobo, y yo un sucubo. Aquí no habrá jamás una familia feliz. Y ni tú, ni tú gente, le pondrán un dedo encima a mi hijo, o te juro que no quedará uno vivo cuando obligue a los hombres a matarse entre ellos. Y sabes que puedo hacerlo. Si crees que encontraste a un heredero o lo que sea, estás muy equivocado amigo. Y si tengo que borrar sus recuerdos de este momento, lo haré, porque no dejaré que se acerque a tí, jamás.

Su cara estaba hecha de piedra mientras me miraba. Podría sentir toda la rabia que sentía. Y... el dolor.

—Estás loca. Aún así... a pesar de todo. Tengo derecho a estar en su vida.

—No Clark, no tienes ningún derecho aquí. Y si de verdad te importa su seguridad, te mantendrás alejado de él.

Ahora había más dolor que irá en ojos. Esos ojos dorado ámbar que Sam había reconocido al instante como la mirada de su padre. 

Me sentía tan confundida.

Y entonces oímos un grito.

Se trataba de Sam.

Vidrios quebrándose. Y un auto arrancando.

Yo corrí a su habitación y Clark salió hacia su auto.

Cuando llegué, Sam ya no estaba.

Busqué por la ventana. Estaba rota. Vi a Clark perseguir el auto, y luego desapareció.

Fueron unos minutos de angustia que no podría describir. 

Había salido y cuando vi el auto de la policía regresar, mi corazón se aceleró. 

«Por favor, por favor, por favor», pensaba desesperadamente rogando que Sam viniera allí.

Cuando Clark bajo solo, vi la culpa en sus ojos. Y me derrumbé. Las lagrimas corrieron por mis ojos y cobrí mi cara con las manos. Él se acercó, y me ayudó a levantarme.

—Yo... traté de seguirlos. Pero no entiendo cómo desaparecieron. Ni siquiera dejaron un rastro de olor. Nada. 

—Sabían lo que hacían...—dije, llena de odio.

—Alice, te prometo que lo encontraremos. Acabo de dar la alarma. Ya todos en la policía estar buscando la placa y van a rastrear los autos que coincidan con la descripción.

—¿Y realmente crees que eso sirva de algo?—me limpie la cara con la manos.—No hagas promesas, que bien sabes, no me las creo.

—No me importa lo que pienses. Y tienes razón, quizás eso no sirva de mucho. Pero pondré a mi manada a buscar. Están dispersos por toda la ciudad. Hay bomberos, abogados, policías, de todo un poco. No podrán dejar la ciudad con... tú hijo. Moveré todos mis contactos, y no todos son hombres lobos.

Lo miré—Está bien. Pero esto es por mí. Si me quieren, deberán hacer algo para comunicarse conmigo.

Una idea pareció llegar a la mente de Clark.

—Quizás ya lo hicieron.

No entendí a lo que se refería. Pero entonces me pidió regresar a la casa y juntos subimos a la habitación de Sam. No sabía qué buscábamos al principio. Pero entonces la encontró. Una carta, en un sobre negro sellado con un parche dorado.

Este decía.

—Señorita Grace, no fue fácil encontrarla. Y debo decir que su jugada con mis empleados fue muy astuta. Pero solo digamos que tenemos otras maneras de encontrarla. Imagino ya sabe lo que quiero. Y si no lo sabe, se lo diré. Su ayuda. Tiene 24 horas para responder. La esperaremos en la calle Briston, cruce con la 34. Pero si intenta algo, o su amigo el policía es visto cerca. Bueno, digamos que puede ir diciéndole adiós al pequeño Sam. Espero su respuesta. Atte: El jefe.

Ahora solo podía hacer una cosa. Y eso era obedecer. Estaba entre la espada y la pared.

—Alice, ¿no pensarás ir sola verdad?

—¿Y que se supone que haga? ¡¿Dejar morir a mi hijo?!

—No, pero tenemos que pensar bien lo que haremos. Confía en mí, por favor.

—Lo siento, pero no. 

—Esperemos hasta mañana, al menos. Déjame idear un plan.

—¿Mientras torturan a Sam?

—No le harán nada. Si saben quién eres, saben lo peligrosa que puedes ser. Por eso necesitan tenerte bajo control. Casi toda la familia.en esa empresa deben ser hombres. Ya sabes, amantes del patriarcado. Dame está noche, porfavor. Mañana a primera hora saldremos.

Lo miré. Lo sentía sincero y realmente preocupado. Cuando tomó mi mano entre las suyas la besó, y pude oír sus pensamientos.

«Te juro por Dios que esta vez no te fallaré»

«Salvaré al pequeño Sam.»

«Traeré de vuelta a mi hijo »

Y no supe el por qué lo hice. Solo sé que me acerqué y lo abracé sin pensar.

Y sus brazos no dudaron en envolver todo mi cuerpo en aquella suave y protectora calidez.

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